miércoles, 19 de marzo de 2014

Semana grande


No me gustan las fallas. Así, sin rodeos.
Las fallas son algo por lo que te preguntan los que te conocen de fuera. Como si se diese por supuesto que se trata de un tema de conversación que domina todo aquel que nace en la ciudad de la luz mediterránea. No importa lo que a continuación digas. Ni si niegas algún pasado infantil de peineta y casal. Tu silencio se puede interpretar como una personalidad poco arraigada a las costumbres de tu tierra y tu referencia hacia el olor a polvora y la artesanía de los monumentos, a la pregunta obligada de "peroooo ...por qué las quemais?". Y así sin más, con la piromanía como gentilicio y el encogimiento de hombros como cortesía, dejas esa pregunta que la conteste otro que tiene más ingenio que tú.
Aunque se llame Mark y sea de Dublín.
Estas fallas han sido diferentes. Las he vivido como una semana grande. Grande en espectáculos y emociones. En presentaciones y reencuentros. En carcajadas y compañía. Y enormes momentos...
Como cuando fuí a ver The hole : nunca antes habría creíado que salir del agujero, fuera a resultarme trágico y doloroso. Pero es que dentro, todo se cantaba, se contaba, se bebía y se reía.
 Allí sentada, viviendo cada número y compartiendo un mismo ánimo con gente anónima, me sentí viva. Feliz. Nos mirábamos los unos a los otros, participándonos lo divertida que nos parecía la escena. Gritábamos, nos asustábamos y aplaudíamos al mismo tiempo.Compartíamos cada sensación común. Era lo que mi mente cinéfila entendía por cabaret : el inicio con el disparo de pistolón de la primera actriz en salir a escena, ataviada al más puro estilo Charlotte Rampling en Portero de Noche, hicieron que quisiese pintar mi cuerpo de lentejuelas al triple grito de Willcommen, Bienvenue...Wellcomeeeee....!!! Y con ese entusiasmo viví las dos horas que me brindó la función. Y al salir entre la gente, todo el mundo reía y parecía no querer desprenderse del momento ni de los compañeros de platea.Y pensé que tal vez, lo mejor de la representación no había sido el guión ni la actuación.
Lo mejor había sido compartirlo.
A lo mejor, si mi inglés fuera más fluido, le hubiera contestado al forastero Mark que no sé por qué se queman. Qué puedo dar muchas explicaciones sin estar convencida de ninguna y que incluso si la obtuviese, tal vez no la compartiría.
En cambio, sí que le diría que lo verdaderamente bonito es tenerlo al alcance de todos, en la calle, sin más dificultad que los accesos reducidos o las multitudes. Como las mascletás o los grupos improvisados y callejeros que versionan éxitos y te los regalan a "la voluntad".
Que raro...me leo y no creo que esté tan claro que no me gusten las Fallas.