domingo, 4 de noviembre de 2018

Una noche en la ópera

Aún estoy extasiada. Pasan los días, y sigo despertándome así. Mi corazón está totalmente lleno de adrenalina y no hace más que bombear mensajes a mi cabeza que repiten, una y otra vez, cada momento vivido.
Llevo dos viernes llenos de música.


El viernes pasado pude ver, ( ¿¿¿ver??? ... ver se queda corto...mejor vivir....) pude vivir la ópera más bonita de todas las que he escuchado. Turandot (música de Giacomo Puccini y libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, estrenada el 25 de abril de 1926) es, sin duda, mi favorita. Al dirigirnos hacia el Palau de les Arts los nervios me atacaban el estómago. El recinto estaba lleno y de entre ese océano de rostros, encontré los de amigos con los que compartía esa misma sensación. Ya sentada , expectante, se aceleró mi pulso al apagarse las luces. La orquesta apareció, y sonó el la prolongado que afina los instrumentos al inicio del concierto. Sin embargo, no se alzó el telón. En su lugar,  de un lateral apareció una mujer con dos rosas rojas en la mano. Era delgada, vestía de granate y negro y su cabello era color zanahoria. Un cañón de luz la acompañó hasta el centro del escenario donde se paró y comenzó a hablar. Fueron dos minutos en lo que el nombre de Carmen Alborch sonó repleto de sentimiento y gratitud. Igual que el aplauso que dedicamos todo el público a su recuerdo. Una persona a la que mi madre y yo, allí sentadas, conocimos y apreciamos. La obra empezaba con una emoción que no hacía nada más que aumentar por actos. Tres en concreto.

Cuando estudiaba la carrera, existía la obligación de cursar unos créditos que debíamos obtener llamados "de libre elección"; abarcaban todas las asignaturas optativas y cursos que se ofertaran, en mi caso, en las distintas facultades de ciencias sociales y humanidades. Yo escogí "Introducción a la ópera" un semestre. Allí encontré un aula abarrotada de estudiantes que seguían a un profesor, Paco (no recuerdo su apellido), doctorado en Historia del Arte, que explicaba la música y los libretos con tanta pasión, que hacía de sus clases todo un espectáculo. Era un enamorado de los italianos y cuando llegó el turno de Puccini, no cabía un alfiler. Nos trasladamos al Aula Magna y allí ,a eso de las 20.00 horas de un miércoles cualquiera de un mes cualquiera, descubrí que mi amor por la ópera estaba justificado bajo el nombre de Nessun Dorma. Solo era una pantalla de cine en la que se proyectaron imagen y voz de Pavarotti y sin embargo, el estallido de vítores al finalizar, nos transportaron a la mismísima Scala de Milán. "Esto tengo que escucharlo en directo algún día, en una ópera de verdad" pensé. Y así lo hice el pasado 26 de octubre y lloré como nunca había llorado en ninguna de las representaciones anteriormente vistas durante, concretamente, once años como abonada.
Dicen que Puccini sabía con qué notas se puede tocar el alma para hacer vibrar emociones aunque opongas resistencia, aunque no te guste la ópera, aunque tengas la sensibilidad dormida. Una suerte de alquimista musical que iba más allá del compositor. Su música sube, baja, da piruetas en el aire y te atrapa por completo. Luego, te deja en el suelo con el pelo y los sentidos revueltos, para que recuerdes el viaje toda tu vida.


Y eso precisamente es lo que volví a vivir con Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018) hace dos días. Tras leer varias críticas, no me mostraba muy optimista. La tachaban de edulcorada, falsa y con contenidos extras que alargaban el metraje innecesariamente. Ninguna de estas afirmaciones encuentran mi apoyo.
El primer cd que compré en mi vida es el de Wembley' 86 de Queen. Era el verano de 1992 y hacía sólo 8 meses que había fallecido Freddie Mercury. Supongo que el hecho de haber vivido todo ese año con tributos, emisoras que reproducían su música a todas horas y reportajes en una tele no a la carta como hay ahora, produjeron el deseo de que fuera con ese y no otro, con quien estrenarme en el nuevo formato. Hice bien.
En mi lista de grandes éxitos musicales sigue entre las primeras posiciones el tema Bohemian Rhapsody. Simplemente es...magia. Son varias canciones en una, no hay estribillo que poder seguir y la voz de Mercury sorprende a un oído que espera siempre una consecución más lógica (y aburrida) de la composición musical. Piruetas en el aire.
Por eso entiendo que el film adopte ese nombre y no otro. Porque ese himno generacional que sigue sonando junto a otros que son parte de nuestra cultura (en cada triunfo deportivo, nunca falta un We are the champions que llevamos ya en el ADN), aúna todo lo que eran ellos, instigado, según la película, por el talento y la creatividad de un líder que no tenía miedo a innovar, a jugar con los estilos, a unir ópera con rock y a creer en ello por encima de paradigmas discográficos. Ese es el material del que están hechos los genios.
Más allá de vicios, enfermedades y momentos decadentes, se plasma un mensaje positivo, optimista que lleva a integrarte entre esos 74.000 espectadores del Wembley, en los 20 minutos más épicos de la historia del rock. Todo un regalo para quienes no estuvimos ahí. Para quienes no pudimos crecer con la ilusión de ahorrar para verlos en directo. Y observo, justo antes de que se proyecte la primera escena, una sala llena de gente de todas las edades, con los ojos y los oídos clavados desde el minuto uno, y entiendo que su legado siempre fue hacer de su música, la nuestra. Como en la escena en la que demuestran que el famoso We will rock you tuvo su origen en la intención de hacer partícipe del tema a todo aquel que lo escuchara, a través de palmas y pisadas que no pudimos reprimir en el cine. Cinco adolescentes sentadas a mi lado, se sabían cada estrofa, cada palabra y respondían entregadas a un Freddie que desde la pantalla coreaba sonidos que invitaba a repetir.
No. Yo no quería un biopic de alguien que tuvo debilidades como todos, ni imágenes de síntomas de una enfermedad que provocó su muerte. Eso es algo  íntimo, que no tenemos derecho a sentir como propio. Yo quería exactamente esa parte de la historia. La historia de cómo el mundo regala personas que con su brillo, iluminan a los demás.
Nada más acabar la proyección, recordé esos conciertos a los que sí he ido y me transporté al momento que más me gusta de cada uno de ellos. Ese en el que todos los que acudimos al mismo lugar cantamos a la vez esa estrofa que tarareas hasta en la ducha. Que te recuerda tu historia. Y miras a tu lado y sólo puedes sentir que todo está bien. Que el mundo ha dejado de girar sobre si mismo por un instante y lo hace alrededor de ti y de cientos de personas que coinciden contigo. Y de repente, se llame rock, pop, ópera, fado, flamenco o Ara Malikian, se te escapa una lágrima. Quizás por la emoción, quizás por una canción que te lleva a un recuerdo o tal vez porque forma parte de la intención de su creador. Pero es felicidad. Y es compartida.
La cultura nos hace más sensibles y la sensibilidad nos convierte en más humanos. Es, en cada una de sus manifestaciones, un regalo. Y podemos participar de él gracias a mentes y corazones inquietos, que nos lo ofrecen para poder vivirlo entregados. Porque aunque no estén, sabemos que nos repiten desde lo más alto, que el show ......debe continuar. Disfrutémoslo.














sábado, 13 de octubre de 2018

La máquina del tiempo

Otoño es una época en las que, como en enero, todos sentimos la sensación de poner contadores a cero y la necesidad de establecer nuevos objetivos. Es algo que debe tener su origen en el inicio del curso escolar; una reminiscencia de cuando éramos estudiantes que nos acompaña cada año, interpretando el inicio de su último cuatrimestre, como un punto de partida que durará hasta el siguiente septiembre. Pero ya soy adulta y además desempeño un trabajo que cierra ejercicio el 31 de diciembre, así que, no puedo pensar en empezar sino en continuar. Continuar.

Desde pequeña he sentido la necesidad de creer que en algún momento podría ser dueña de mi destino, cambiando situaciones vividas que no me han llevado a lugares pretendidos. Todo eso podría arreglarlo fácilmente: o bien utilizaría una máquina del tiempo patentada y comercializada gracias al trabajo de años entre Steve Jobs y Stephen Hawking hasta hacerla no sólo útil, sino estéticamente preciosa (un DeLorean color "manzana") o bien, durante una fiesta de antiguos alumnos del instituto, en la que tanta emoción me sobrepasase hasta el punto de caer sin conocimiento para volver a encontrarlo más de 20 años antes, en un BUP alternativo (una Peggy Sue versión años 90). 

Me dejo llevar por la idea de encontrarme años atrás con el conocimiento actual y sabiendo qué caminos escoger y cuáles descartar. Lo tengo tan meditado, que no dudaría en lo que quiero conservar y lo que no, sintiéndome tan convencida de mi triunfo que cuando volviese a  mi nuevo futuro, todo sería perfectamente idéntico a mi ideal de vida. Pero, ¿y si cuando aterrizo en mi yo presente, encuentro desagradables sorpresas? Al fin y al cabo, mis acciones no serían independiente de mi entorno y como decía Mary Shelley a través de su criatura, debemos pensar en la consecuencias de nuestros actos. Cambiando yo, ¿cambiaría el resto?. Desde luego al coger otra opción, hay personas  de mi vida que desaparecería en la nueva versión: algunos nombres, no me importarían demasiado, pero indudablemente hay más que no querría perder. Y después se me ocurre multitud de situaciones que haría todo lo posible por evitar : un 11S o un 11M...o todo lo que ha ido viniendo detrás...Me volvería loca intentando recordar cada suceso fatídico para poder ir corriendo a alertar a todo el mundo que, por otra parte, no me creería. ¡Menudo cargo de conciencia! Y luego está lo de dar más información de la que la gente del pasado necesita saber: inconscientemente buscaría el smartphone o hablaría de facebook o incluso de Siri!!!Ampliaría involuntariamente con mis dedos fotos impresas y utilizaría expresiones como "míra a ver en wikipedia" que no sabría explicar!
Acabaría por hacer millones de viajes atrás - adelante/adelante- atrás para arreglar mis propios entuertos, siguiendo una suerte parecida a la de Evan Treborn (El efecto mariposa)...Ufffff....que presión!!!!!!

Sin embargo, esta idea es demasiado recurrente y por eso se ha plasmado tanto en la literatura como, por supuesto, en el séptimo arte (La  Máquina del Tiempo, Regreso al Futuro, Peggie Sue se casó, La casa del lago, Terminator2, Atrapado en el tiempo...etc), porque en mi opinión todos preferiríamos poder cambiar las cosas que no nos gustan para tener otro final. Uno con menos dolor, pérdida o dificultad.

Cuando empezamos algo, ponemos en ello todo lo bueno que hay en nosotros y visualizamos que los errores cometidos en el pasado, está vez no se repetirán. Tiramos el folio arrugado, lleno de tachones y con la tinta borrada por las lágrimas que se han caído y cogemos otro nuevo, blanco, limpio, donde escribir frases perfectas porque nuestra motivación se alimenta de nuestras expectativas. Y así, una y otra vez. Empezar cada vez que ya no queda goma con la que borrar. Empezar porque "esta, va a ser la buena".

Continuar, sin embargo, es una tarea más compleja. Siguen los tachones, siguen las heridas, sigue la sensación de fracaso. Pero no intentas tirar esa experiencia a la papelera. No cambias todo lo que tienes porque ya no brilla igual, o ha perdido color o se ha ensuciado un poco. Intentas pegar los trozos, enderezar la situación, plantar cara al conflicto, hablar con esa persona a la que un malentendido ha distanciado o decidir que lo que tienes y lo que eres, se debe a cada cosa que has vivido. No hay que empezar. Simplemente, seguir. Siempre hacia adelante.

Hace días leí algo que me emocionó: la vida no hay que entenderla. La vida hay que vivirla. Así que continuemos con cada día pero con la misma emoción conque se empiezan las cosas, porque si se nos olvida en el trayecto, si lo malo gana a lo bueno, si compras una nueva ilusión para dejar de luchar  por la antigua, nunca encontrarás tu camino. Y el mío, desde siempre, ha sido escribir.


domingo, 6 de mayo de 2018

Día de la madre


Ya estamos en mayo. Y es el primer domingo del mes. El día de la madre.
Yo no lo soy. Ni tampoco creo que ya lo sea. Es algo que siempre he visto como posible en las frases que se conjugan en futuro, como muy lejos. Algo con lo que, por mi condición de mujer, debía cumplir. Pero ahora, con los 40, ni pizca de intención.
Me he preguntado muchas veces por qué no seré como la mayoría de mujeres con las que he coincidido en la vida, por qué no muero por tener un bebé y cuidarlo. ¿Qué le falta a mi naturaleza para alcanzar el instinto? Nadie tiene una respuesta. Más bien, deseos encerrados en frases del tipo "te vendrá en cualquier momento" (grupo de las que son madres y te atraen para sí),  " el tic tac saldrá y luego vendrán las prisas y será un infierno " (grupo de primerizas ya entradas en edad que saben por lo que han pasado) o " pues ya ves...si no tienes, tampoco pasa nada" (grupo de las que te quieren manifestar su aceptación o tienen tu misma edad y se les hace un mundo volver a pasar por eso, ahora que ya los tienen criados).
Nadie me puede explicar. Ni siquiera yo me entiendo. Así que me entretengo comprobando en Google, qué mujeres de las que admiro son o no son madres. Eso me lleva directamente a las actrices (el cine y yo) y observo que la gran mayoría de las que busco, lo son: Meryl Streep, Julianne Moore, Cate Blanchett..... Filtro por más cercanas a mi edad y ahí también se da la misma situación: Kate Winslet, Claire Dans (embaraza a sus 39 años), Amy Adams.... paro, me pongo un café y pienso: ¿quién querías ser de pequeña?,de todas las actrices del mundo mundial, ¿cuál era la que más ferviente y adolescentemente admirabas? La respuesta no se hizo esperar ni un minuto. Intuyendo la respuesta, me lanzo al teclado casi tan rápido como escribo su nombre; traslado el índice de abajo hacia abajo de la pantalla y lo veo: ahí está. Nacimiento: 29 de octubre de 1971, Minnesote (EEUU), altura: 1,61m, peso: 52 (envidia), padres, parejas......Ningún hijo. Vuelvo al buscador e introduzco su nombre completando la frase con un "no tiene hijos" y me salen varios artículos en los que no dan razón alguna y sí múltiples conjeturas que, sinceramente, no me interesan. 
Winona  Ryder, aquella a la que descubrí como novia de MI Johnny Deep para ir adorando hasta el punto de odiar al guapo actor por romper con ella ¡¡¡¡¡¡¡ Es como yo!!!!!!!!!!.
Con todo lo que ha pasado la pobre, incluyendo sus papeles robados y sus robos en tiendas, lo mismo no ha tenido tiempo de pensar en ello. 
Así que hoy, 6 de mayo de 2018, habiendo pasado un año sin escribir, te propongo algo, Winona: no estemos nunca más solas. Nos tendremos la una a la otra y compartiremos la misma elección. No seamos madres, seamos nosotras. Tú con tu recién recuperada fama, actuando como progenitora de Will y Jonathan. Yo, con lo más parecido a un hijo: mi blog. Qué ya es bastante rutinaria la vida, llena de cosas que hacer por imposición, como para perder lo que es mi vocación.
Me levanto del sofá de casa de mis padres y me dirijo a la señora de la casa:
"- Ya está, mamá. Ya tengo un nuevo post. Mira que eres plasta conque me deje de tonterías y escriba. Me voy a mi casa que tengo que prepararme para mañana. Gracias por la comida en familia."
Mi marido, ya en el ascensor, observa con desconcierto cómo vuelvo a su puerta para tocar el timbre: 
"Que se me olvidaba, mamá.....que gracias por estar ahí siempre y ayudarme a perseguir mis sueños."
Feliz día de la madre.


domingo, 25 de septiembre de 2016

Sorry... I´m a lady!



Con este mismo título, escribí hace la friolera de 18 años un artículo para una revista universitaria. En él destacaba la figura femenina aprovechando el éxito de un libro que estaba batiendo records de ventas: El diario de Bridget Jones, de Helen Fielding. Recuerdo que cayó en mis manos por unas amigas que, como yo, pensaban que a los recién estrenados 20 se nos acababa la vida para encontrar el amor. Qué panda de bobas!!!Nos analizábamos constantemente y creíamos que si hubiéramos nacido más bellas, más altas, más delgadas, más listas o más..MAS estaríamos ya con el protagonista de nuestro propio cuanto de hadas. Y en cuanto nos pusimos a leer el libro....las carcajadas desplazaron a los sentimientos fatalistas de un plumazo. Bridget era gordita, metepatas, melancólica, enamoradiza y totalmente imprudente. Una mujer encantadora que rompía con el estereotipo de heroína y sin embargo, conseguía empatizar absolutamente con la lectora, hasta el punto de querer identificarte con ella. Todas eramos la señorita Jones.

El éxito de la saga se mantiene en 2016 con la tercera entrega de la película. Esta vez disfrutamos de los 43 años de una Bridget más madura, más profesional, más delgada  y más ¿centrada?,que le otorgan el mejor de los regalos: un bebé. Y mis amigas que, como yo, pensaban que a los amenazantes 40 se nos acababa la vida para encontrar el embrión, nos vuelve a dar la risa.
El otro día escuche a una psicóloga decir que antes las mujeres hablaban más entre ellas. Iban a hacer juntas bolillos o la colada y se contaban las preocupaciones , los anhelos y el día a día, llevando así una vida saludable. No lo entendí bien porque lo primero que mi mente del siglo XXI racionalizó fue: pero si no hay tiempo! Las conversaciones quedan relegadas a pulsaciones por segundo y fotos para descargar. Nuestro punto de encuentro se llama Iphone o Facebook... o Ikea, pero no hay tiempo para hablar. No hay tiempo para disfrutar. No podemos parar a pensar en eso, porque ya estamos pensando en lo que viene después, y hacemos cosas como segmentarnos en grupos llamados las sin hijos ( subconjuntos casadas o no)  y las madres (subconjuntos, solteras o no). Y como nos debemos a una agenda y sobrevivimos con la organización, cogemos nuestro carnet, y nos quedamos en el club que nos toca, pensando qué fue de otras amigas a las que de repente caemos que no hemos vuelto a ver. Y entonces, tras una semana de infarto en la que tu ginecóloga, tu jefe, tu profesor de natación y el teacher de inglés parece que te repiten que  "nunca llegarás a tiempo", lo que sí que llega es... la explosión. En un banco de la calle. Abrazando al Michael Kors que me regaló mi marido como única compañía. Realmente no, no es saludable. 
Hace apenas una hora, me han llamado al telefonillo de la calle. No esperábamos a nadie así que la sorpresa sonaba como el timbre. Nieves, una vecina de la finca de al lado, ha descubierto que era yo la propietaria de la cartera que se había encontrado en la calle. Ella, junto a un grupo de mujeres de la misma manzana, se conocen desde hace años y suelen mantener tertulias todas las tardes en un banco próximo a su portal. Todas han puesto de su parte para ir descubriendo las pistas que les ha llevado hasta mi nombre y Consuelo, mi vecina de rellano, ha aportado la puerta. Una hora buscándome. Sesenta minutos de su tiempo. En el lenguaje actual, un capítulo entero de Juego de Tronos. Y yo ni siquiera me había parado a mirar si llevaba la cartera o no. 
Aún no ha acabado la semana y siento que algo ha mejorado. Una voz al otro lado del teléfono, una película juntas, un cumpleaños lleno de ilusión y reencuentros generacionales y una "superpatrulla" del barrio...esto no sólo es saludable: esto es mágico.
Ahora buscaré en google la entrevista de la psicóloga. Le debo una disculpa. Tiene toda la razón.
Brindo por las mujeres de mi vida. Sois todo. Sois increíbles. Sois.....Mujeres.




domingo, 18 de septiembre de 2016

Volvamos al cole

El mes de Septiembre siempre huele a lápices Alpino por estrenar. Mis padres me regalaban una caja nueva que poder tener en mi pupitre de casa, uno de madera con una cesta metálica a un lado, donde guardaba mis blocks de dibujo con las hojas apaisadas llenas de lo que consideraba digno de admiración. Cada tarde al regreso de las clases, analizaba lo que había hecho, lo retocaba y comenzaba una nueva página. Antes de decantarme por la escritura, la plástica fue mi primer amor. No es que tuviera ningún don, pero llamaba la atención el estallido de color con que adornaba cualquier composición. Y sin salirme del borde. Pero en el colegio al que fui durante los dos años de pre-escolar, eran más fans de las ceras de colores. No me gustaban. Siempre he sido de apretar mucho y a la mínima se me rompían. Un drama para las monjas que repetían "Cort, no es bueno aferrarse a las cosas materiales con tanto entusiasmo" regalando moralejas que advierto ahora como acojonantemente realistas. De toda la gama de colores aún no consideraba que el rosa fuera el único. Así, me volvía loca un color que decidimos bautizar mi amiga del Loreto y yo como "verde nuevo". Cada mañana, la seño  repartía una bandeja rectangular de plástico llena de ceras. Como no elegías, guardabas ansiosa a recibir la tuya y buscabas ese color esmeralda que parecían racionar. Si te tocaba, eras la más importante de la clase de los camellos (increíble que en un colegio de primaria no se dieran cuenta de que hay animales que nunca deberías utilizar como referencia para párvulos; No sé si tendrá algo que ver pero mi prima Lucía fue a la de los linces. Trabaja en Silicon Valley en la actualidad). Era un momento emocionante cuando dabas cuenta de tu suerte. Qué feliz me hacía aquello: todo tu día era color.... esperanza.
Cuando el curso siguiente cambié al cole que me vio crecer durante doce años, el dibujo pasó a un plano más importante. En otoño, para festejar el Nou d´Octubre, día de la Comunidad Valenciana, algunas escuelas participaban en un concurso llamado "El rey Don Jaime visto por los niños". Aún hoy admiro esta iniciativa maravillosa que perdura en el tiempo. Se trata de que los niños dibujen al aire libre y por tiempo limitado, la escultura ecuestre del rey D. Jaime situada en una plaza muy céntrica de la ciudad. Todos nos sentamos en sillas plegables y con nuestros colores escuchamos atentamente las instrucciones que los profes repetían enfatizando aspectos más relevantes como

NO COPIARSE DEL DE AL LADO o RESPETAR EL TIEMPO ESTABLECIDO. Recuerdo que mis padres y mis abuelos se escaparon para aparecer de entre los árboles del parterre dándome ánimos, mientras yo intentaba concentrarme para que la figura estuviera lo más centrada posible en el dibujo. Cuando anunciaron el final ,consideré no haber tenido el tiempo suficiente para analizarlo y repasar algunos huecos, aunque para cuando volví al autobús,pesaba más la sensación de haber pasado un día diferente, que la incertidumbre de saber quien ganaría de entre todos. Qué pequeña era.
Una mañana, en medio de la clase, mi profe, Nieves hija anunció que el segundo premio había recaído en el colegio y que el ganador estaba en mi clase. Todos contuvimos la respiración hasta que se acercó a mi y sonriendo me dijo: "Felicidades Marga. Tu dibujo nos ha regalado a todos un premio". Las que hoy siguen siendo mis amigas me abrazaron y el resto de niños hicieron todo tipo de gestos triunfantes, como si hubieran metido un gol. Y sentí que en ese cole nuevo con esos compañeros recién estrenados, también había un "verde" con que poder pintar.
Lo que me hizo ganar no fue mi trazado realista sino un cielo fraccionado de mil colores brillantes.
Nunca, jamás, dejé de apretar mientras pintaba. Aunque las ceras, en ocasiones, se rompieran.

domingo, 28 de febrero de 2016

Matteo y Margherita


 Llevo muchos meses sin ponerme las gafas. Y no por falta de historias: final de año laboral, estrés, fallecimiento de una amiga del pasado, estrés, examen de un Master, estrés, Navidades sin vacaciones, estrés, inicio de año laboral, estrés, un piso que se me ha escapado después de poner todas las ilusiones en cada una de sus habitaciones, estrés, cambio de puesto laboral, estrés...y una sordera súbita.Según diagnostican, producto del estrés.
Y una mañana, me despierto a la misma hora que cada mañana y me miro al espejo mientras me pregunto: dónde dejé las gafas por última vez? Después de rebuscar en cada bolsillo interior de cada bolso que tengo guardado en cada armario, me derrumbo ante la evidencia de haberlas perdido definitivamente. Mi visión del mundo está distorsionada y seguiré sin poder enfocarla bien.


El jueves pasado tenía dos horas para comer y puesto que mi nueva oficina se encuentra a escasos metros de mi apartamento, decidí que era una buena idea la sopa casera que aprovisiona mi marido para situaciones inesperadas . Aunque he recuperado el oído, me cuesta entender bien a la gente en entornos donde hay más personas hablando a la vez, así que me excusé ante mis nuevos compañeros y me apresuré a llegar a casa. Podría ver el telediario y saber lo que estaba dando de sí el día. Tras varias noticias en las que la situación actual del país sigue siendo una foto fija, decidí poner la radio. No quería música pop, ni rock, ni de los ochenta...tampoco tertulias políticas ...sólo algo que me hiciera disfrutar de mi momento a solas, y de pronto llamó poderosamente mi atención la vehemencia con que una de las locutoras de un programa anónimo, hablaba de una historia que había sucedido en Italia, en un municipio de unos 16.000 habitantes hace tan sólo unos meses.Manipulé la rueda del dial hasta que conseguí sintonizar perfectamente la voz que no paraba de utilizar la expresión " historia emocionante" y centré mi atención por completo.

La narración se ubica hace tres semanas en un aulario del colegio Marchesi de Copparo, al norte de Italia, donde niños de ocho años están recibiendo clase de lengua. La profesora ha examinado a los alumnos y ha entregado las pruebas corregidas. Uno de ellos, Matteo, pregunta por qué una palabra que ha utilizado está subrayada en rojo. Margherita, la maestra, le advierte de la inexistencia de ese adjetivo y le explica que no puede referirse a una flor (fiore, en italiano, ) como " petalosa" (petaloso) para describirla. Sin embargo, como valora la belleza de la invención le propone al pequeño enviar una carta a la Accademia della Crusca (el instituto nacional para la salvaguarda del italiano) para consultar sobre la posible utilización del término. Matteo envía una misiva que lleva con su petición, la ilusión de hacer algo diferente y estimulante.
 Los días transcurren con una expectativa latente que se diluye entre clases, balones y risas. Hasta que el martes pasado, una carta rompe la rutina.
Un cartero deposita en el buzón del colegio un sobre a nombre de Matteo. El remitente crea la mayor de las expectaciones vividas en un patio de juegos, pues todos leen en voz alta: Accademia della Crusca, Via di castello, 46. Firenze. Con la impaciencia propia del momento y el latido del que se siente considerado en sus pretensiones, la maestra lee en voz alta:

“Querido Matteo. La palabra que has inventado es una palabra bien formada y podría ser usada en italiano, como son usadas otras palabras formadas de la misma manera. Tú has puesto juntas pétalo+oso=lleno de pétalos, con muchos pétalos. Para que una palabra nueva pueda entrar en el vocabulario, no es suficiente con que sea conocida y usada solo por quien la ha inventado, sino que la usen muchas personas y que muchas personas la entiendan”. Si logras difundir tu palabra entre muchas personas y muchas personas en Italia comienzan a decir y a escribir 'com’e petaloso questo fiore!' o, como tu sugieres, 'le margherite sono fiori petalosi', entonces 'petaloso' se convertirá en una palabra más del italiano”.

Tras las felicitaciones, Margherita lanza a través de las redes sociales la historia y con ella la pretensión de conseguir que la palabra sea conocida. Twits y retuits multiplican la difusión y la belleza de la palabra es compartida por miles de personas. A la mañana siguiente , el mísmisimo Primer Ministro italiano, comparte la ilusión.

Menuda historia.

Acabo la sopa con la sensación de que algo ha cambiado. Estoy feliz y mi corazón late deprisa. No dejo de sonreír y así, con un brillo nuevo en los ojos, llevo la bandeja a la cocina y me dispongo a ir al baño para lavarme los dientes. Me miro un segundo en el espejo y grito de emoción.

Ahí están: llevo las gafas puestas de nuevo.Matteo debió probárselas y por eso no las encontraba.

Vuelvo a mi trabajo con paso firme, mirando cada detalle del trayecto. Y en un semáforo en rojo pienso que yo también tuve una profesora de lengua que apostaba por las letras y por sus alumnos. Asi que, Piedad, este post petaloso....va por ti.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Dos en la carretera (Publicación Telva 09/2015)


Como licenciada en Derecho, trabajadora, comprometida, que disfruta cuidándose por dentro y por fuera y adora su tiempo con las amigas, me defino como mujer independiente y realista. Pero cuando me veo en aquella niña que, sentada frente a los clásicos que sus padres ponían, quedaba hipnotizada por las miradas femeninas de aquellas películas llenas de glamour, me confirmo como una mujer soñadora y tremendamente romántica. Por eso, el artículo sobre La Costa Azul ha sido un regalo, pues el dos de agosto haré un año de casada y nuestra luna de miel, tuvo por destino  aquellas playas, aquellos rincones y aquellas preciosas ciudades que aún retienen esencias de un tiempo mágico. Fui Grace, Brigitte y Audrey,  recorriendo en un coche alquilado la Gran Corniche, donde mi cabello, sujeto con un pañuelo de seda ondeaba al son de Love de Nat King Cole, que poníamos una y otra vez. Y es que aunque seamos mujeres del siglo XXI, todas necesitamos convertirnos al menos una vez en la vida en la princesa que mi marido dice que soy. Gracias por recordármelo con artículos como los que publicáis.


lunes, 31 de agosto de 2015

Adios a las pesadillas de mi infancia

 Hoy ha amanecido el día con un sol espléndido. Toda la mañana ha permanecido ahí arriba, testigo de risas y vaivenes de gente que recorre las aceras de la ciudad, un día cualquiera. Al acabar el trabajo, me he ido a casa. He comido y he decidido ver las noticias sentada en el sofá. Poco a poco, he ido reclinandome casi sin darme cuenta de mi propio movimiento y aunque intentaba permanecer atenta, escuchaba cada vez más lejos a la locutora que ya casi, susurraba los acontecimeintos del día. Un silencio profundo se ha hecho en mi cabeza cuando,  en un segundo, me ha despertado un trueno. O un relámpago. O ambas cosas a la vez. De repente, mi visión de la misma habitación que había despistado un momento antes, estaba apagada. Miro a través de la ventana y ya no hay gente. Sólo oscuridad. Oigo un chasquido. Después, un golpe seco tras de mí. Que tonta soy, sólo es un cuadro de la pared que yo misma recuerdo que colgué sin mucha confianza. No voy a cometer la misma  torpeza, y menos sin luz. Lo coloco apoyado junto a la butaca, cuando el cristal refleja algo que enmudece mi aparente tranquilidad. Un metal...un cuchillo...varios cuchillos......es una mano!!!! Se que no debo, no lo hagas...miro, no puedo evitarlo..me levanto y me doy la vuelta mientras estudio esa sombra...yo la conozco....Un relámpago le presenta: sueter a rayas, sombrero de ala y......un rostro en carne viva que me mira de medio lado......no hay duda, me ha pillado. Ya se ha vuelto a meter en mis sueños el muy mamón. Ahora toca correr o...despertarse.

Freddy Krueger atormentó mi infancia y las de aquellos que fuimos a 
EGB. Nunca nos dejaban ver esas pelis de miedo que tan famosa 
hicieron a la década de los 80, pero siempre conseguíamos evadir la restricción. Nosotras, con las manos en la cara, intuíamos
entre dedos qué ocurría; vosotros, os reíais haciendo ver en la comedia 
una cualidad de valientes, hasta que el primer susto provocaba un respingo y os colocaba cada vez más cerca a los unos de las otras. Ahí estábamos todos juntos viviendo el momento, acojonados. No eran grandes películas, ni contaban con grandes efectos. Pero eran especiales, porque lo prohibido, lo que ven los hermanos mayores o de lo que hablan los malotes de la ultima fila del bus, merece la pena.

Wes Craven nos ha dejado. Y con él se va ese miedo que combatía  tu padre cuando entre sollozos confesabas tu delito. Te llevaba frente al televisor y golpeaba el cristal (que no plasma) de la tele haciendo toc-toc con los nudillos "Ves? no es real! no pasa nada. Vuelve a la cama y no veas más esas películas de miedo, que luego te pasa... lo que te pasa". 
Y así, maldiciendo el momento en que decidiste inobservar la recomendación paterna, arrastrabas tu resignación hasta una cama que necesitaba de la luz del pasillo.
Pero al final, siempre dormías. Y al día siguiente, no te parecía tan traumático.Por eso en el siguiente cumpleaños, querías repetir.

Tú me hiciste más atrevida, más rebelde y más cinéfila. Los miedos de ahora no los puedo matar a golpe de mando a distancia, pero si enfrentarme a ellos. Supongo que contigo,empecé a ser valiente. Por eso creo que te debo algo. Aunque sea este post de mi humilde blog. Espero que vayas donde vayas, no les libres de tus sustos.

lunes, 18 de mayo de 2015

Vive la différence!



Ir al cine es  siempre una muy buena opción. Ir a un cine donde se proyectan películas en versión original, una opción del todo viva. Puedes escuchar la respiración, la lengua madre de los protagonistas, el ajetreo de los actores y la musicalidad de su voz. En Valencia aún resiste una multisala que hace que te sumerjas en la historia desde dentro. Mi primera vez fue en la facultad. Con la asociación de cine que creamos entre alumnos de Derecho con una misma pasión, una misma inquietud. La memoria intelectual olvidó el titulo; la emocional, recuerda las reticencias del momento “¿Cómo voy a poder centrarme en la imagen si el sonido debe ser subtitulado? Ya pasamos la era de un cine con “letreros”, ¿por qué retroceder en el tiempo, si el nuestro nos brinda la facilidad del doblaje?” La mirada inquisitiva de uno de mis compañeros, acalló posibilidad de respuesta alguna. Compré mi entrada y decidí dejarme llevar. Y no me arrepiento de nada. Fue como estar en el set, como si me cediesen una silla de esas en las que el respaldo identifica el cargo de quien la disfruta. Cine en estado puro.

Los cines Babel son mi vía de escape. Sobre todo cuando se trata de peliculas galas. Tengo un amigo francés que me dice que amo más su idioma que él mismo, y se ríe cuando le obligo a interpretar algún personaje de Truffaut , sólo por el simple hecho de sentirlo parte de mi día a día. Mi recurrente Amelie es mucho más entera si describe las caricias de Quincanpoix en su propia lengua.Y es que, cuando su cartelera presenta un estreno del país vecino, ni me lo pienso. Como el pasado domingo, cuando “La familia Bélier” abrió sus puertas a una invitación que no pude rehusar. La chica que corta las entradas ya lo advirtió: “Una buena elección. Nadie sale indiferente de la sala: o llora o rie.....¿Qué haréis vosotros ?” A la salida descubrió que soy bipolar. Pues mi sonrisa contradecía los restos de rimel que sobre mi rostro confesaban lo tierna que me resultó. Y es que ese, es otro de los grandes momentos de los Babel: hay alguien a quien poder confiar esas emociones del preciso instante. Aquellas que se van confundiendo por una reflexión que haces mientras te fumas el pitillo de después o lo comentas con tus amigos, pasado el trance.

Lo original, siempre es positivo. Y por eso, desde mi humilde blog, aliento a todo aquel que me siga, a que no deje morir nunca un cine como este. Porque  sus historias, no son las de siempre. Y sin embargo, las sientes como si fuesen  de toda la vida. Larga vida a los Babel.

martes, 14 de abril de 2015

La Mona Lisa de pan de oro


Palacio Belvedere , Viena
 En febrero de 2006 fui a visitar a mi hermano a Viena. Se encontraba allí cursando su proyecto de fin de carrera y me invitó a pasar unos días con él. Volaba sola e intentaba despojarme de mi miedo al avión centrándome en las ilustraciones de la guia que apretaba fuertemente entre mis manos. La repetición de alguna turbulencia que no debió de ser tan intensa como recuerdo, me dió ganas de cogerle la mano a la señora que sentada junto a mi, miraba tranquila y sonriente por la ventanilla.Sentí el impulso de conversar con ella, simplemente para evadirme de mis temores, pero al ver que de su bolso asomaba un ejemplar del Krone, me limité a la derrota de un idioma diferente al mío.Así, me esforcé en encontrar cobijo en los cuadros de la guía que había señalado como visita obligada: por fin iba a poder disfrutar en vivo de los grandes hitos de la Secession , y en particular de él....sus pinturas doradas, oníricas y envueltas en la belleza de una composición meticulosa y fascinante. Me quedé absorta en el rostro de una de ellas mientras anunciaban el aterrizaje inminente. "El retrato de Adele, de Gustav Klimt; ¿sabe que le llaman la Mona Lisa vienesa?".
No pensé en el contenido de la frase. Sólo en la rabia que sentí porque mi compañera de asiento no hubiese manifestado su conocimiento del español antes! Sonreí como si no me importara y cerré el libro de golpe. Sólo recordé sus palabras cuando cada vez que andábamos por las calles de la capital, una imagen dominaba las marquesinas, los autobuses y las vallas publicitarias de las estaciones del metro...el gran cuadro de Klimt bajo una sola expresión: "Ciao Adele".
Mi hermano entonces me contó, que una descendiente de la familia judía a la que perteneció el lienzo, Maria Altmann,  peleaba desde hacía años por recuperar el retrato de su tía Adele alegando que había sido objeto del expolio por parte de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y que pedía la restitución de lo que era suyo por derecho.Toda una historia increíble, a lo David contra Goliat.

He visto la película un día en el que la quinta temporada de Juego de Tronos se estrenaba a nivel mundial y la noticia de los cuatro primeros capítulos filtrados invadía la red, y desde aquí, hago un llamamiento para pasar por taquilla con películas como La Dama de Oro.Helen Mirren y Daniel Brühl son una apuesta segura, a la que podemos sumar un Ryan Reynolds alejado de un cine de comedia o acción, planteando con su interpretación, toda una declaración de intenciones: cómo cuando conectamos con nuestro pasado, podemos encontrar quien queremos ser en nuestro futuro.

Marc Chagall , pintor francés de origen judío (Bielorrusia, 1887 - Francia, 1985) afirmaba que "el arte es sobre todo un estado del alma".El alma de los protagonistas del film es casi tan importante cómo la inteligencia con la que se afronta una lucha por recuperar a través de una pintura, parte de uno mismo, la identidad de lo que fue y de lo que no quiere olvidar. María, al justificar sus motivaciones en las declaraciones que hace, afirma "  La gente ve una obra maestra de uno de los artistas más importantes de Austria, pero yo veo un retrato de mi tía, una mujer que me hablaba de la vida " . 
Cuando regresé de ver la película, no podía dormir. Así que me senté en mi sofá y miré hacia la estantería donde muestro mis retratos de familia. Impresiones de momentos que más allá de sus marcos, recrean instantes de felicidad y me transportan a vivencias compartidas con la gente que quiero. Mi vida, en definitiva. Sólo hay uno que no guarda vinculo sanguíneo alguno. Pero es un recuerdo de lo que me traje de Viena: una historia que por fin he podido conocer gracias a otro gran arte: y en éste, el séptimo, hay mucha alma.