lunes, 31 de agosto de 2015

Adios a las pesadillas de mi infancia

 Hoy ha amanecido el día con un sol espléndido. Toda la mañana ha permanecido ahí arriba, testigo de risas y vaivenes de gente que recorre las aceras de la ciudad, un día cualquiera. Al acabar el trabajo, me he ido a casa. He comido y he decidido ver las noticias sentada en el sofá. Poco a poco, he ido reclinandome casi sin darme cuenta de mi propio movimiento y aunque intentaba permanecer atenta, escuchaba cada vez más lejos a la locutora que ya casi, susurraba los acontecimeintos del día. Un silencio profundo se ha hecho en mi cabeza cuando,  en un segundo, me ha despertado un trueno. O un relámpago. O ambas cosas a la vez. De repente, mi visión de la misma habitación que había despistado un momento antes, estaba apagada. Miro a través de la ventana y ya no hay gente. Sólo oscuridad. Oigo un chasquido. Después, un golpe seco tras de mí. Que tonta soy, sólo es un cuadro de la pared que yo misma recuerdo que colgué sin mucha confianza. No voy a cometer la misma  torpeza, y menos sin luz. Lo coloco apoyado junto a la butaca, cuando el cristal refleja algo que enmudece mi aparente tranquilidad. Un metal...un cuchillo...varios cuchillos......es una mano!!!! Se que no debo, no lo hagas...miro, no puedo evitarlo..me levanto y me doy la vuelta mientras estudio esa sombra...yo la conozco....Un relámpago le presenta: sueter a rayas, sombrero de ala y......un rostro en carne viva que me mira de medio lado......no hay duda, me ha pillado. Ya se ha vuelto a meter en mis sueños el muy mamón. Ahora toca correr o...despertarse.

Freddy Krueger atormentó mi infancia y las de aquellos que fuimos a 
EGB. Nunca nos dejaban ver esas pelis de miedo que tan famosa 
hicieron a la década de los 80, pero siempre conseguíamos evadir la restricción. Nosotras, con las manos en la cara, intuíamos
entre dedos qué ocurría; vosotros, os reíais haciendo ver en la comedia 
una cualidad de valientes, hasta que el primer susto provocaba un respingo y os colocaba cada vez más cerca a los unos de las otras. Ahí estábamos todos juntos viviendo el momento, acojonados. No eran grandes películas, ni contaban con grandes efectos. Pero eran especiales, porque lo prohibido, lo que ven los hermanos mayores o de lo que hablan los malotes de la ultima fila del bus, merece la pena.

Wes Craven nos ha dejado. Y con él se va ese miedo que combatía  tu padre cuando entre sollozos confesabas tu delito. Te llevaba frente al televisor y golpeaba el cristal (que no plasma) de la tele haciendo toc-toc con los nudillos "Ves? no es real! no pasa nada. Vuelve a la cama y no veas más esas películas de miedo, que luego te pasa... lo que te pasa". 
Y así, maldiciendo el momento en que decidiste inobservar la recomendación paterna, arrastrabas tu resignación hasta una cama que necesitaba de la luz del pasillo.
Pero al final, siempre dormías. Y al día siguiente, no te parecía tan traumático.Por eso en el siguiente cumpleaños, querías repetir.

Tú me hiciste más atrevida, más rebelde y más cinéfila. Los miedos de ahora no los puedo matar a golpe de mando a distancia, pero si enfrentarme a ellos. Supongo que contigo,empecé a ser valiente. Por eso creo que te debo algo. Aunque sea este post de mi humilde blog. Espero que vayas donde vayas, no les libres de tus sustos.