lunes, 18 de mayo de 2015

Vive la différence!



Ir al cine es  siempre una muy buena opción. Ir a un cine donde se proyectan películas en versión original, una opción del todo viva. Puedes escuchar la respiración, la lengua madre de los protagonistas, el ajetreo de los actores y la musicalidad de su voz. En Valencia aún resiste una multisala que hace que te sumerjas en la historia desde dentro. Mi primera vez fue en la facultad. Con la asociación de cine que creamos entre alumnos de Derecho con una misma pasión, una misma inquietud. La memoria intelectual olvidó el titulo; la emocional, recuerda las reticencias del momento “¿Cómo voy a poder centrarme en la imagen si el sonido debe ser subtitulado? Ya pasamos la era de un cine con “letreros”, ¿por qué retroceder en el tiempo, si el nuestro nos brinda la facilidad del doblaje?” La mirada inquisitiva de uno de mis compañeros, acalló posibilidad de respuesta alguna. Compré mi entrada y decidí dejarme llevar. Y no me arrepiento de nada. Fue como estar en el set, como si me cediesen una silla de esas en las que el respaldo identifica el cargo de quien la disfruta. Cine en estado puro.

Los cines Babel son mi vía de escape. Sobre todo cuando se trata de peliculas galas. Tengo un amigo francés que me dice que amo más su idioma que él mismo, y se ríe cuando le obligo a interpretar algún personaje de Truffaut , sólo por el simple hecho de sentirlo parte de mi día a día. Mi recurrente Amelie es mucho más entera si describe las caricias de Quincanpoix en su propia lengua.Y es que, cuando su cartelera presenta un estreno del país vecino, ni me lo pienso. Como el pasado domingo, cuando “La familia Bélier” abrió sus puertas a una invitación que no pude rehusar. La chica que corta las entradas ya lo advirtió: “Una buena elección. Nadie sale indiferente de la sala: o llora o rie.....¿Qué haréis vosotros ?” A la salida descubrió que soy bipolar. Pues mi sonrisa contradecía los restos de rimel que sobre mi rostro confesaban lo tierna que me resultó. Y es que ese, es otro de los grandes momentos de los Babel: hay alguien a quien poder confiar esas emociones del preciso instante. Aquellas que se van confundiendo por una reflexión que haces mientras te fumas el pitillo de después o lo comentas con tus amigos, pasado el trance.

Lo original, siempre es positivo. Y por eso, desde mi humilde blog, aliento a todo aquel que me siga, a que no deje morir nunca un cine como este. Porque  sus historias, no son las de siempre. Y sin embargo, las sientes como si fuesen  de toda la vida. Larga vida a los Babel.