Ir al cine es siempre
una muy buena opción. Ir a un cine donde se proyectan películas en versión
original, una opción del todo viva. Puedes escuchar la respiración, la lengua
madre de los protagonistas, el ajetreo de los actores y la musicalidad de su
voz. En Valencia aún resiste una multisala
que hace que te sumerjas en la historia desde dentro. Mi primera vez fue en
la facultad. Con la asociación de cine que creamos entre alumnos de Derecho con
una misma pasión, una misma inquietud. La memoria intelectual olvidó el titulo;
la emocional, recuerda las reticencias del momento “¿Cómo voy a poder centrarme
en la imagen si el sonido debe ser subtitulado? Ya pasamos la era de un cine
con “letreros”, ¿por qué retroceder en el tiempo, si el nuestro nos brinda la
facilidad del doblaje?” La mirada inquisitiva de uno de mis compañeros, acalló
posibilidad de respuesta alguna. Compré mi entrada y decidí dejarme llevar. Y no
me arrepiento de nada. Fue como estar en el set, como si me cediesen una silla
de esas en las que el respaldo identifica el cargo de quien la disfruta. Cine
en estado puro.
Los cines Babel
son mi vía de escape. Sobre todo cuando se trata de peliculas galas. Tengo un amigo francés que me dice que amo más su idioma
que él mismo, y se ríe cuando le obligo a interpretar algún personaje de
Truffaut , sólo por el simple hecho de sentirlo parte de mi día a día. Mi
recurrente Amelie es mucho más entera si describe las caricias de Quincanpoix
en su propia lengua.Y es que, cuando su cartelera presenta un estreno del país
vecino, ni me lo pienso. Como el pasado domingo, cuando “La familia Bélier” abrió sus puertas a una invitación que no pude
rehusar. La chica que corta las entradas ya lo advirtió: “Una buena elección.
Nadie sale indiferente de la sala: o llora o rie.....¿Qué haréis vosotros ?” A la
salida descubrió que soy bipolar. Pues mi sonrisa contradecía los restos de rimel que sobre mi rostro confesaban lo
tierna que me resultó. Y es que ese, es otro de los grandes momentos de los Babel: hay alguien a quien poder confiar esas emociones del
preciso instante. Aquellas que se van confundiendo por una reflexión que haces
mientras te fumas el pitillo de después o lo comentas con tus amigos, pasado el
trance.
Lo original, siempre es positivo. Y por eso, desde mi
humilde blog, aliento a todo aquel que me siga, a que no deje morir nunca un
cine como este. Porque sus historias, no
son las de siempre. Y sin embargo, las sientes como si fuesen de toda la vida. Larga vida a los Babel.