martes, 14 de abril de 2015

La Mona Lisa de pan de oro


Palacio Belvedere , Viena
 En febrero de 2006 fui a visitar a mi hermano a Viena. Se encontraba allí cursando su proyecto de fin de carrera y me invitó a pasar unos días con él. Volaba sola e intentaba despojarme de mi miedo al avión centrándome en las ilustraciones de la guia que apretaba fuertemente entre mis manos. La repetición de alguna turbulencia que no debió de ser tan intensa como recuerdo, me dió ganas de cogerle la mano a la señora que sentada junto a mi, miraba tranquila y sonriente por la ventanilla.Sentí el impulso de conversar con ella, simplemente para evadirme de mis temores, pero al ver que de su bolso asomaba un ejemplar del Krone, me limité a la derrota de un idioma diferente al mío.Así, me esforcé en encontrar cobijo en los cuadros de la guía que había señalado como visita obligada: por fin iba a poder disfrutar en vivo de los grandes hitos de la Secession , y en particular de él....sus pinturas doradas, oníricas y envueltas en la belleza de una composición meticulosa y fascinante. Me quedé absorta en el rostro de una de ellas mientras anunciaban el aterrizaje inminente. "El retrato de Adele, de Gustav Klimt; ¿sabe que le llaman la Mona Lisa vienesa?".
No pensé en el contenido de la frase. Sólo en la rabia que sentí porque mi compañera de asiento no hubiese manifestado su conocimiento del español antes! Sonreí como si no me importara y cerré el libro de golpe. Sólo recordé sus palabras cuando cada vez que andábamos por las calles de la capital, una imagen dominaba las marquesinas, los autobuses y las vallas publicitarias de las estaciones del metro...el gran cuadro de Klimt bajo una sola expresión: "Ciao Adele".
Mi hermano entonces me contó, que una descendiente de la familia judía a la que perteneció el lienzo, Maria Altmann,  peleaba desde hacía años por recuperar el retrato de su tía Adele alegando que había sido objeto del expolio por parte de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y que pedía la restitución de lo que era suyo por derecho.Toda una historia increíble, a lo David contra Goliat.

He visto la película un día en el que la quinta temporada de Juego de Tronos se estrenaba a nivel mundial y la noticia de los cuatro primeros capítulos filtrados invadía la red, y desde aquí, hago un llamamiento para pasar por taquilla con películas como La Dama de Oro.Helen Mirren y Daniel Brühl son una apuesta segura, a la que podemos sumar un Ryan Reynolds alejado de un cine de comedia o acción, planteando con su interpretación, toda una declaración de intenciones: cómo cuando conectamos con nuestro pasado, podemos encontrar quien queremos ser en nuestro futuro.

Marc Chagall , pintor francés de origen judío (Bielorrusia, 1887 - Francia, 1985) afirmaba que "el arte es sobre todo un estado del alma".El alma de los protagonistas del film es casi tan importante cómo la inteligencia con la que se afronta una lucha por recuperar a través de una pintura, parte de uno mismo, la identidad de lo que fue y de lo que no quiere olvidar. María, al justificar sus motivaciones en las declaraciones que hace, afirma "  La gente ve una obra maestra de uno de los artistas más importantes de Austria, pero yo veo un retrato de mi tía, una mujer que me hablaba de la vida " . 
Cuando regresé de ver la película, no podía dormir. Así que me senté en mi sofá y miré hacia la estantería donde muestro mis retratos de familia. Impresiones de momentos que más allá de sus marcos, recrean instantes de felicidad y me transportan a vivencias compartidas con la gente que quiero. Mi vida, en definitiva. Sólo hay uno que no guarda vinculo sanguíneo alguno. Pero es un recuerdo de lo que me traje de Viena: una historia que por fin he podido conocer gracias a otro gran arte: y en éste, el séptimo, hay mucha alma.