domingo, 18 de septiembre de 2016

Volvamos al cole

El mes de Septiembre siempre huele a lápices Alpino por estrenar. Mis padres me regalaban una caja nueva que poder tener en mi pupitre de casa, uno de madera con una cesta metálica a un lado, donde guardaba mis blocks de dibujo con las hojas apaisadas llenas de lo que consideraba digno de admiración. Cada tarde al regreso de las clases, analizaba lo que había hecho, lo retocaba y comenzaba una nueva página. Antes de decantarme por la escritura, la plástica fue mi primer amor. No es que tuviera ningún don, pero llamaba la atención el estallido de color con que adornaba cualquier composición. Y sin salirme del borde. Pero en el colegio al que fui durante los dos años de pre-escolar, eran más fans de las ceras de colores. No me gustaban. Siempre he sido de apretar mucho y a la mínima se me rompían. Un drama para las monjas que repetían "Cort, no es bueno aferrarse a las cosas materiales con tanto entusiasmo" regalando moralejas que advierto ahora como acojonantemente realistas. De toda la gama de colores aún no consideraba que el rosa fuera el único. Así, me volvía loca un color que decidimos bautizar mi amiga del Loreto y yo como "verde nuevo". Cada mañana, la seño  repartía una bandeja rectangular de plástico llena de ceras. Como no elegías, guardabas ansiosa a recibir la tuya y buscabas ese color esmeralda que parecían racionar. Si te tocaba, eras la más importante de la clase de los camellos (increíble que en un colegio de primaria no se dieran cuenta de que hay animales que nunca deberías utilizar como referencia para párvulos; No sé si tendrá algo que ver pero mi prima Lucía fue a la de los linces. Trabaja en Silicon Valley en la actualidad). Era un momento emocionante cuando dabas cuenta de tu suerte. Qué feliz me hacía aquello: todo tu día era color.... esperanza.
Cuando el curso siguiente cambié al cole que me vio crecer durante doce años, el dibujo pasó a un plano más importante. En otoño, para festejar el Nou d´Octubre, día de la Comunidad Valenciana, algunas escuelas participaban en un concurso llamado "El rey Don Jaime visto por los niños". Aún hoy admiro esta iniciativa maravillosa que perdura en el tiempo. Se trata de que los niños dibujen al aire libre y por tiempo limitado, la escultura ecuestre del rey D. Jaime situada en una plaza muy céntrica de la ciudad. Todos nos sentamos en sillas plegables y con nuestros colores escuchamos atentamente las instrucciones que los profes repetían enfatizando aspectos más relevantes como

NO COPIARSE DEL DE AL LADO o RESPETAR EL TIEMPO ESTABLECIDO. Recuerdo que mis padres y mis abuelos se escaparon para aparecer de entre los árboles del parterre dándome ánimos, mientras yo intentaba concentrarme para que la figura estuviera lo más centrada posible en el dibujo. Cuando anunciaron el final ,consideré no haber tenido el tiempo suficiente para analizarlo y repasar algunos huecos, aunque para cuando volví al autobús,pesaba más la sensación de haber pasado un día diferente, que la incertidumbre de saber quien ganaría de entre todos. Qué pequeña era.
Una mañana, en medio de la clase, mi profe, Nieves hija anunció que el segundo premio había recaído en el colegio y que el ganador estaba en mi clase. Todos contuvimos la respiración hasta que se acercó a mi y sonriendo me dijo: "Felicidades Marga. Tu dibujo nos ha regalado a todos un premio". Las que hoy siguen siendo mis amigas me abrazaron y el resto de niños hicieron todo tipo de gestos triunfantes, como si hubieran metido un gol. Y sentí que en ese cole nuevo con esos compañeros recién estrenados, también había un "verde" con que poder pintar.
Lo que me hizo ganar no fue mi trazado realista sino un cielo fraccionado de mil colores brillantes.
Nunca, jamás, dejé de apretar mientras pintaba. Aunque las ceras, en ocasiones, se rompieran.

5 comentarios:

  1. Sencillamente.......FANTÁSTICO!!!!!!
    Qué PRECIOSIDAD de relato!!!!!!

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  2. Mi color favorito también es el verde!!! Besos de tu fan!!!

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  3. Qué relato tan maravilloso. Logras transmitir todas las sensaciones vívidamente y, sobre todo, consigues algo bastante difícil: hacernos partícipes de tu emoción. Gracias

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  4. Me ha encantado Marga!Precioso!(no podía ser de otra manera)

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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